La criatura no puede ser adulto, el adulto si puede ser como un niño, porque fue un niño, tiene un niño dentro. Tal vez este niño interior no jugó lo suficiente o sus padres no jugaron con él/ella, o no le permitían jugar y cuesta mucho disfrutar del juego. O simplemente no puede jugar de adulto, porque la represión fue tal que anuló su energía vital y el placer de jugar con niños. Más se diferencian el adulto y la criatura cuanta más represión hubo en ese adulto.
Alice Miller cuenta una escena en la que se refleja el maltrato que hemos sufrido en la niñez quienes somos adultos actualmente.
“... La mayor virtud que San Nicolás, en su papel de portador de los padres constataba en los niños era la capacidad de jugar solos y no necesitar a sus madres. ...
... Esa argumentación también le parecía lógica a San Nicolás: mamá no tiene que ayudar a su hijo de 3 años, es él quien tiene que ayudar a mamá. La disposición a ayudar era otra de las pocas cualidades positivas de los niños: sabes estar solo, recoges tus juguetes, los compartes con tu hermanito pequeño, y no necesitas a tu madre. En cambio el hablar, el oponer resistencia, el no ser aún adulto y la necesidad natural de ayuda, afecto y consuelo eran objeto de reconvención”.
A los adultos cuando fuimos niños, nos hicieron creer que jugar era algo malo y que para crecer y madurar había que dejar de jugar. Como en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas (adaptación de W. Disney a los cuentos de Lewis Caroll, año 1951), le dan clases de historia sin tener en cuenta su ser, que es una niña y su deseo es jugar, se le podría enseñar historia jugando. Pero la clase es una tortura para una niña, entonces Alicia se revela diciendo que en su país cambiaría todo. Luego sueña con “su país”, un mundo donde las cosas superficiales están al revés, pero no cambia el maltrato psicosocialmente establecido hacia una criatura, en este sentido es igual al mundo real. En el país de Alicia todo está “desordenado”, y ella sufre en este “desorden”. Con esto le quieren demostrar que lo que ella desea, hace daño y si las cosas fueran al revés sufriría muchísimo. Así la niña “se convence” de lo bueno que es, “en realidad” el orden establecido y deja de tener fantasías y sueños (todos sus personajes imaginarios se desvanecen cuando “toma conciencia” de que está equivocada). Se resalta que ese “desorden” que ella deseaba la hace sufrir (la maltrata), y en una profunda reflexión, también se hecha la culpa de su sufrimiento por imaginarse todo aquello. Llorando casi, dice:
“... Que mala suerte, ahora ya nunca podré salir. Bueno mi hermana me ha aconsejado que cuando los niños se pierden es mejor quedarse sentado hasta que lo encuentren a uno. Pero, ¿Quién va a encontrarme aquí? ¡Oh si! Ese fue el consejo, y si lo hubiera seguido no estaría yo aquí, me lo merezco por desobediente. Yo se muy bien lo que debo hacer, pero casi siempre lo hago mal, es por eso que estoy metida en un berenjenal. Se que debo obedecer los consejos que me ha dado y no se porqué me gusta más jugar. (Llora cada vez más). Siento haber desobedecido, jamás esperé este castigo, ya escarmenté. ¡No lo volveré a hacer! ¡Jamás, jamás! (Llorando muchísimo) Yo se muy bien lo que debo hacer, pero casi siempre lo hago mal. Cuando aprenderé a hacer las cosas bien. (sigue llorando, y van desapareciendo sus fantasías, anulando su creatividad, las cosas que imaginaba)...”
Este cuento para niños es una demostración, de como los adultos destruían el deseo de las criaturas, aplastaban su personalidad haciéndoles creer que sus deseos eran malos, para si mismos y para sus padres (“que malo eres”).
Hasta su curiosidad es mala, dos hombresitos estipuladitos (tanto que hasta uno es idéntico al otro), le relatan el cuento de unas ostras que por curiosas se las comió la morsa. No hay que preguntar ni cuestionar, al que pregunta acaba mal.
Hay un conejo que dice con insistencia “que tarde se me ha hecho, me voy, me voy, me voy”, mira constantemente un reloj y además tiene casa propia (símbolo de la adultez). Cuando llega al lugar que se dirige con tanta prisa, muestran que es para servir a la reina en su entrada, hablando y tocando una trompeta.
El mundo adulto esta envuelto en la escasez del tiempo, porque hay que ser sirviente para la acumulación de la riqueza y cuidar de no perder el lugar competitivo. Entonces las horas siempre son escasas y cuando no lo es, se vive como si lo fuera, porque tiempo para las criaturas nunca hay.
Nuestra cultura patriarcal adulto-céntrica es incapaz de disfrutar a la criatura, es por ello que no se le dedica tiempo, los adultos están bloqueados afectivamente.
Además de los cuentos de Alicia, casi todos los clásicos reflejan la represión de la época hacia las criaturas, que continúa en la actualidad. Por ejemplo Pinocho quería jugar, y por eso padecía tragedias y también su padre cuando lo intentaba salvar, todo “por culpa” de Pinocho.
En la película de Alicia muestra una situación muy angustiante, cuando ella se enfrenta sola a un juicio, sin abogados, sin testigos fiables, sin poder alguno para defenderse, la escena genera una gran impotencia ante la soledad e indefensión de la niña. Pero es en realidad la situación cotidiana de las criaturas, frente a los adultos que la “educan” “matándole” el deseo genuino. ¿Tiene acaso una criatura posibilidad de defenderse frente a esto?
A Alicia no le gusta la realidad como es. En nuestra cultura todos deseamos un mundo distinto. A la mayoría de la gente con sensibilidad no le gusta el mundo como es, quisieran cambiarlo de alguna manera. Muchas ideologías se aprovechan del deseo de querer cambiar el mundo, hasta políticamente se ha utilizado este deseo para captar jóvenes militantes. ¿Por qué nos pasa eso?. Porque nuestro deseo original no es satisfecho. Nos pide otra cosa, el mundo como es no responde a nuestros deseos primales.
Reloj de Plastilina
Letra y música: Charly García
Una vez creí
que nada iba a pasarme
Una vez pensé
que nadie iba a matarme.
El tiempo pasó
entre rayuelas y cometas
entre un amor y bicicletas
y aunque estuviera sólo sabía jugar
aunque quisiera llorar.
Yo te quería amar
y no sabía tu nombre
Te quería encontrar
pero no sabía dónde
yo te fui a buscar
quería que todo fuera eterno
se fue el amor
llegó el invierno
y anduve tiritando en cualquier lugar
y sólo pude llorar.
Alcanzar lo interminable
rebotando en la pared
dando vueltas en el aire
mientras el payaso hace la red.
Nadie pudo ver
que el tiempo era una herida
lástima nacer
y no salir con vida
yo quiero llorar.
Reloj de plastilina
no existes más
ya no te puedo esperar
mientras el payaso hace la red.
Salgo a caminar
y sigo imaginando
fui lo que creí
soy lo que está pasando
No quiero llorar.
No quiero estar envuelto en penas
siempre arrastrando estas cadenas
si el tiempo no es amigo
no importa más
yo sólo quiero jugar.
Jugar, jugar
solo quiero ver jugar
yo solo quiero jugar
solo quiero jugar.