En nuestra experiencia observamos que los padres que juegan con sus hijos experimentan el efecto “ventosa”, se les pegan todos los niños con carencias afectivas, y hasta muchos les surge el impulso de eliminar a los hijos de estos adultos que se entregan al juego.
Esto pasa porque les emergen sus deseos no satisfechos, no pueden odiar a sus padres por no satisfacerlos, por lo tanto tienen que eliminar esa molesta realidad que les pone en evidencia sus carencias, sus deseos reprimidos realizados en otro. Al ver a una criatura que SI satisface su deseo de jugar con sus padres, a las criaturas carentes les brota como un torrente, todo el deseo que en sus hogares no pueden realizar, es imparable e inevitable que intenten satisfacerlos con esos adultos que ocasionalmente se cruzan en sus vidas.
Los adultos que juegan con las criaturas, experimentan algo parecido a lo que sucede en los orfanatos, los niños se les apegan rápidamente. La mayoría de las criaturas son como los huérfanos en sus deseos, pues no tienen a quien pedir, saben que si piden a sus padres serán reprimidos.
En cambio cuando ven a adultos que no reprimen a los niños experimentan la posibilidad de que sus deseos se realicen y no pueden hacer otra cosa que pedir desesperadamente atención (“ahora me toca a mi, ahora YO PUEDO SER, AHORA ES MI OPORTUIDAD DE SER”).
Cuando piden jugar están pidiendo ser queridos, SER ellos mismos a través de la realización de su deseo. Pero poco a poco se les va cerrando las posibilidades de ser sinceros con lo que quieren, para adaptarse a lo que se desea de ellos.
El que pierde la inocencia
Letra y música de León Gieco.
“...
El que pierde la inocencia y la sinceridad
es un huérfano solitario que no puede ya cantar
el que esconde la sonrisa bajo un árbol sin flor
corre el riesgo de estar pálido sin las caricias del sol ...”
La gran mayoría de los padres están bloqueados, no pueden jugar con sus hijos y por ello se pierden de disfrutarlos. También tienen bloqueada la creatividad interpretativa, teatral, musical, no pueden apreciar como las criaturas disfrutan con el animismo por ejemplo. En un hogar con vida todo puede cobrar vida para las criaturas y su imaginación no tiene límites. La comunicación con los hijos mejora cuando la interpretación, y en especial el juego con características de animismo, forma parte de ella. La comunicación solo verbal es imponerle a la criatura el adulto-centrísmo aburrido, con creatividad pobre y limitada. Con la interpretación teatral la criatura desarrolla todas sus capacidades. Para la antropología actual, existen múltiples inteligencias no solo la lógico-matemática. La expresión corporal libre, el arte, las relaciones sociales también forman parte de la inteligencia humana. Sin embargo existen corrientes conductistas que insisten con que la inteligencia se mide y hay criaturas superdotadas y otras infradotadas. Por ejemplo, Albert Einsten tenía autismo. ¿Entonces que era superdotado en física e infradotado para relacionarse con sus hijos? ¿Entonces que era superdotado o infradotado? Según los valores del poder social de turno, era superdotado, si podía relacionarse afectivamente bien con sus hijos eso no importaba para esa sociedad. Para los indios Wichi, por ejemplo, sería un infradotado porque no tenía una buena relación afectiva con sus hijos. Las investigaciones antropológicas afirman que estas calificaciones son pseudocientíficas, y que se han manipulado durante décadas datos científicos para clasificar a las personas. Las conclusiones son que todos los seres humanos tenemos potencialmente las mismas capacidades y se desarrollan más o menos según la cultura y el entorno afectivo.