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 Indice

  - Portada

  - Introducción

  - Prologo

  - Marco Teórico

  - Deseo y Represión

  - El deseo de la criatura cumple la función de indicarnos las distintas formas de darle afecto

  - Huellas de la violencia

  - Los Adultos Tenemos Nuestros Deseos Originales Reprimidos

  - El problema de la “autoridad” y nuestros propios miedos

  - El juego y su importancia en la relación con los hijos

  - ¿Por qué la mayoría de los adultos no juegan, ni pueden disfrutar del juego con sus hijos?

  - El juego con los niños históricamente no ha sido apreciado.

  - La herencia de la desvalorización del juego infantil

  - Adultos que disfrutan jugando con los niños

  - Pedagogía de la no intervención, más pedagogía negra

  - Consecuencias de nuestra cultura patriarcal adultocéntrica

  - Valor social del niño

  - El lenguaje de la negación del deseo los niños

  - Decir NO, hasta para que se entienda lo que SI queremos

  - Decir lo que Sí queremos, en lugar de la prohibición

  - Las criaturas criadas con afecto ¿no se saben defender?

  - Bibliografía

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 Anexos

  - Sobre Luca Prodán

  - ¿La TV es mala para el niño, o los padres tendrían que preguntarse porque el niño prefiere a la TV y no a las relaciones humanas?

  - el valor de los grupos de apoyo - taller. 18-07-2010

  - Tener voluntad hacia lo positivo es una cuestión afectiva, surge del amor de las relaciones humanas que nos impulsa a estar apasionados por la vida.

  - Niñez, La Biblia y sufrimiento humano

Enlaces
  - Proyecto Hijo Natural - The Natural Child Project

  - Alice Miller

  - Casilda Rodrigañez Bustos

  - Música de Ojos de Cielo. Víctor Heredia



Pedagogía de la no intervención, más pedagogía negra

Hay pedagogías que proclaman "no intervenir" en las actividades de las criaturas, tampoco jugar con ellas porque de lo contrario "los diriges". Generalmente cuando el adulto se entrega al juego con la criatura, quien dirige es ella, pero tampoco esto importa cuando lo que queremos justificar es otra cosa.

¿Que se entiende por dirigir? ¿A quién crees que mira todo el tiempo? No hay algo más contrario a la realidad, que sostener una metodología de crianza afirmando, que los padres no debemos trasmitir nuestra manera de ser a nuestros hijos para que sean "libres", eso es "no dirigir". Esto es irreal, nuestra manera de ser, se las transmitimos consciente e inconscientemente.

La cuestión es: los llevamos a la represión de sus deseos o los apoyamos para que los reconozcan y satisfagan. Si realmente el problema es que sean libres, no es una solución “abandonarlos”, la libertad psíquica la tiene si está seguro hasta las entrañas de que es amado en todo su ser, incluyendo a sus deseos. Por ejemplo trasmitirles conocimientos sin jugar es lo más pesado, forzado y hasta violento, porque matamos una parte del deseo lúdico de la criatura. Es imponerles algo que no desean, y anular lo que si desean.

Con la excusa de “no intervenir”, lo que sucede es que se somete a la criatura a la soledad. Pero como padres no se puede reconocer que se abandona a los hijos, entonces se encuentra la excusa perfecta en una pedagogía que justifica el abandono, otra vez por el bien de la criatura.

¿”No intervenir”, “no dirigir”, en realidad que encubre? La incapacidad de disfrutar del niño. Si uno respeta el deseo de la criatura generalmente son ellas las que dirigen el juego. Una criatura con seguridad afectiva pide lo que quiere, está conectada con su deseo.

Lo que se le hace insoportable al adulto es que la criatura dirija, por el miedo a perder “autoridad” (¡¿Cómo?! Si ahora me tocaba a mi mandar y vengarme de todo lo que me hicieron mis padres). A veces se da el caso que un adulto se abandona al juego con los niños, pero igualmente no puede evitar reprimirlos.

El adulto que no puede disfrutar del juego infantil, que es la forma de ser de las criaturas, su relación con ellos será limitada, para comprenderlos y quererlos. El adulto está contenido en su entrega afectiva, entonces no hay placer, no toleran ser dirigidos por ellos. Se irritan con la libertad de las criaturas, porque su libertad les fue robada, psicologicamente los adultos son niños carentes inflados compitiendo contra los deseos de las criaturas.

Con la excusa de la “no intervención” ¿hacia donde dirigen en realidad lo niño?

  • a no saber pedir lo que desea

  • a anular su deseo,

  • a perder la conexión con su deseo,

  • lo que "necesita" en teoría se lo imponemos nosotros los adultos a la fuerza sin escuchar lo que nos piden.


Los adultos que disfrutan jugando con sus hijos, no es que disfrutan por un juego en sí mismo, sino que disfrutan a sus hijos en una actividad. Pueden disfrutar jugando porque hay una entrega afectiva. Si algo les causa placer a sus  hijos es cuando hay un gran vínculo afectivo y el juego es un gran canal, para el adulto que goza por ver a su criatura feliz y rebozando de alegría.

Los adulto-céntricos necesitan detener a los madres-padres que si juegan, porque sus propios padres no jugaron con ellos, están afectados psicologicamente. Y tienen que defenderse diciendo “son gente infantiloide, inmadura, que les gusta perder el tiempo con juegos para niños de 3 años”. Muchos adultos que no pueden disfrutar a sus hijos compartiendo el juego con ellos utilizan esta alusión despectiva. Pero los que juegan con sus hijos es porque disfrutan de la relación, no porque tengan un interés particular en los juegos en sí.

La mayoría de los adultos hacen manualidades, bricolaje, crean juguetes, etc., para no relacionarse con sus hijos, están ausentes como autistas concentrados en la actividad. Disfrutan de la manualidad pero a jugar con sus hijos ni un minuto o muy poco, tienen una gran resistencia interior. Si el adulto está centrado en su actividad y no en el niño. Estas actividades son juegos para el adulto, pero no son JUGAR CON la criatura. Es decir, la criatura no siente placer porque el adulto no sabe disfrutar de ella, por haber sido reprimido en su infancia no tiene energía vital, ni creatividad, ni alegría, ni puede sentir el placer de complacer a su hijo. Esto no es jugar, la criatura se siente insatisfecha, aburrida y los adultos utilizarán estas actividades para reprimir una vez más sus deseos.

En el mundo adulto-céntrico los que dirigen son los adultos. El adulto ya tiene su deseo aplastado y conduce a la criatura a arrinconar el suyo inconscientemente “si juego contigo te tengo que aplastar para no sufrir y ver que mis padres me hicieron tanto daño”.

Los adultos que juegan disfrutando de los niños, colaborando en la realización de sus deseos, se llenan de afecto, todo su cuerpo vibra de energía vital, gritan todos los días diciendo “cuanto me gustas hijo mio”, “exploto de gozo”, mi boca se llena de saliva, chorrea de baba, me lleno de ti, te siento, te entiendo y me derrito cuando me dices “papá lindo”, “mamá linda”. “Nos haces saltar, nos haces reír, nos impulsas a bailar, a cantar” “Nos llena de ternura y nos das sensaciones de flotar en el aire, nos estremecemos de placer”. ¡Que maravilloso sentir esto todos los días! Hay comunicación entre nosotros, no existe la guerra contra el/la niño. Gracias por darme la oportunidad de ir sanando mis heridas y descubriendo los deseos que hacen la vida placentera.

Hasta las pedagogías actuales dicen que los niños aprenden con mayor facilidad jugando. Si el adulto juega con el niño solo para “meterle” el conocimiento esto será una manipulación más para satisfacer y agrandar el ego de los padres. Se busca que el niño “brille” con el objeto dar prestigio social al adulto productor de esa “obra de ingeniería educativa casera”.

Si en cambio el adulto juega para satisfacer el deseo del niño, el juego se convierte en el lenguaje conductor del amor. Jugar con el/la niño es amarlo, mimarlo, acariciarlo, mirarlo, escucharlo, gritar de emoción, derretirse de placer por cada gesto y verlos como sabios de nuestros deseos reprimidos. Los guías que nos conducen a descubrir el sufrimiento instalado en nuestro inconsciente, lo que nos puede permitir sentir al niño interior, tener al fin los sentimientos verdaderos de lo que nos pasó, en la relación con nuestros padres, conectarnos con nuestro niño interior y llorar por vernos padeciendo a esa niñita-niñito indefensos que fuimos. Y de esta forma podremos poner la rabia del dolor en quién la originó, y no en nuestros hijos u otros. Para así sanar poco a poco las heridas.

Si jugamos con nuestros hijos, no por objetivos propios, sino porque nos deshacemos de baba por ellos, lo demás es una consecuencia. Solamente así pasamos de “tolerar al niño” a “amar y disfrutar al niño”.

Otra pedagogía negra es la de la tolerancia, eso de que hay que enseñarles a “tolerar”, “educación en valores”, educarlos en la “tolerancia a la frustración”, etc. No se atreven a poner directamente “hay que enseñarles a reprimir sus deseos”, y poniendo cara de armonía forzada, de contenidos emocionalmente para que no estalle la violencia interna reprimida. Te aconsejan hacer manualidades para demostrar tu paciencia y por su puesto que los niños se acoplen a ello. Es todo un ejercicio para crear relaciones de “aguantarse”, “tolerarse”, “soportarse”, esto es parte de la “educación en valores”, aprender a soportarse porque es imposible desde el punto del que parten tener relaciones placenteras, en las que se realiza el deseo mutuo.

Jean Liedloff explica en su libro “El concepto del continuum”que el modo de tratar los indios amazónicos a sus hijos tiene que ver con su manera de “trabajar”, ellos no dicen que trabajan sino que “hacen cosas”, no sufren haciendo las cosas que hay que hacer como nosotros sufrimos trabajando.

Las criaturas no están separadas de los adultos.

Ellos cuando “hacen cosas” cantan, hacen bromas, ríen. El placer lúdico es parte de lo cotidiano de sus vidas. De esta forma la manera de ser del niño (jugar todos los días) esta incorporada en la vida común del adulto. Su existencia se desarrolla en un ambiente placentero en las relaciones humanas. Viven alegres, sin tensiones, sin tener que reprimir a las criaturas para que cumplan con tal o cual objetivo.

Nuestro trascurrir diario, en cambio, está plagado de presiones. El “mundo” del/la niño que quiere jugar está separado del mundo del adulto, que “debe ser serio” en su vida. Teniendo así una valoración inferior de la niñez. “No tengo tiempo para jugar contigo, yo trabajo de «verdad», soy plomero de «verdad», yo cocino de «verdad»”etc..

En la acumulación de patrimonios, el tiempo solo se puede utilizar para producir no para jugar. Claro, la producción requiere el control del tiempo total, hay que organizar, planificar, contabilizar y acumular. A la vez que impone una modalidad de ser para el adulto absorbe su energía vital. Esta mentalidad productiva, que es la que dicta como se debe trabajar, se expande hacia el hogar, hay que “administrar el tiempo” para ver resultados exitosos, “el tiempo no se puede perder jugando”. Así se tensiona la relación con los hijos y se los aparta para poder hacer las cosas con mayor velocidad.

La división en las personas que produce esta forma de trabajar, divorcia a los niños de los padres y a los padres entre sí. La formación que da la vida laboral, crea arquetipos y valoraciones de los individuos que construyen la mentalidad dominante: “que buena persona, dedica el tiempo de su vida al trabajo; es muy buena persona, es un hombre muy trabajador”. El adulto adquiere como hábito el control del tiempo para la producción. Esto choca con los deseos del niño que quiere el tiempo para relacionarse con el adulto a través del juego. Se deja de lado el placer, lo lúdico, el apoyo mutuo. Entonces hay que aplastar al niño que es portador del deseo de amar y ser amado, que es el portador de la sabiduría de lo humano, para cumplir con el esquema de productividad.


En el caso por ejemplo de la actividad física, como es conveniente para un saludable desarrollo del niño.

Se utiliza esta cualidad para objetivos como, “que la criatura gaste las energías en el parque, así vuelve cansada a la casa y no molesta con su energía tan vital”. Los que molesta a la vida saludable son los adultos con su energía vital destruía, incapaces de disfrutar a los niños con su grandiosa alegría de vivir.

Otra manera de no entregarles nuestra persona, de evitar la relación afectiva es insistir en que las criaturas tienen necesidad imperiosa de estar, jugar con otros niños. Así los padres descansan de las insistentes demandas de relación afectiva de sus hijos. Pero la relación imperiosa, no reemplazable que necesitan las criaturas es la comunicación afectiva con sus madres-padres. El contacto con otras criaturas es un complemento de la principal relación.

También hay muchos motivos por los cuales se llena a las criaturas de juguetes, uno de ellos es separarla de la actividad de los adultos y de las cosas de los adultos. “Se independiente y apártate de mi y de mis cosas”.

Para desvalorizar se humilla, el engreimiento, que ve todo desde el adulto-centrismo, fuerza a los niños a ocupar el lugar familiar y social de humillado y sometido. De estas agresiones se derivan las siguientes violencias verbales:

  • Si a un niño se le rompe un vaso le decimos “no pasa nada” como si por causa de lo ocurrido pudiera pasar algo grave. En realidad si pasa algo, se ha roto el vaso por algún motivo, se podría decir “mira los restos los juntamos con cuidado, los tiramos y compramos otro”. Pero, ¿Por qué automáticamente se dice “no pasa nada”? Porque queremos calmarnos a nosotros mismos, porque seguramente cuando fuimos niños si pasó algo cuando se nos cayó un vaso o plato, inconscientemente tenemos un gran miedo a que eso que pasó vuelva a ocurrir, eso que pasó fueron los gritos de un adulto riñéndonos, un castigo o una paliza que nos dieron por un simple vaso. Se rompe un vaso y emerge del inconsciente un “no pasa nada”. Esto confunde porque si pasó algo, pero se niega el suceso, por otra parte la intención de que “no se preocupe” es la carga de tensión del adulto, porque ante el hecho solo habría que ocuparse.

  • Decirles como halago “malo” a un niño es el colmo. Trasmitir al niño que la maldad es algo positivo y después decirle “eres malo” cuando lo que hace no nos gusta, es una perversidad. Así como cualquier connotación negativa.

  • La cocina de juguete no es de verdad. Los bichos de juguete no son de verdad. Jugar a la mamá, no es ser una mamá de verdad. Por lo tanto los juguetes y lo que tu haces jugando son mentiras, tu mundo es insignificante. Muy distinto es decirles “tu cocina con la que juegas es de madera, imita la cocina que usamos para cocinar la comida que comemos, las dos cocinas son de verdad, todos tus juguetes son de verdad”. Unos bichos son de plástico y otros son seres vivos pero ambos verdaderos. Tu juegas de verdad, imitas, representas, imaginas y creas escenas, tienes una capacidad creativa maravillosa.

Los adultos si que son mentirosos, mienten tanto que se les deforma la realidad, ya no saben que es verdad o mentira. Viven en una gran confusión y confunden a las criaturas, las tensionan y las reprimen. Los adultos no saben ni cuando se originaron esas mentiras, ni porque, ni para que, solo las repiten compulsivamente de generación en generación.

Durante la era histórica cuando el vinculo madre-criatura ocupaban un importante lugar se veneraba la vida, la violencia hacia las criaturas no existía, no se reprimía sus deseos. La humanidad tiene más años de amor, de apoyo mutuo entre las personas (25.000 años aproximadamente), que de guerra, alrededor de 10.000 años. La violencia es el fruto de las culturas patriarcales. En la Prehistoria, las sociedades “maternales” dominaron durante milenios, aproximadamente (a partir del Paleolítico superior, desde 35.000 a 10.000 años antes de nuestra era). El mayor número de pinturas de esta época son de figuras femeninas, principalmente madres y embarazadas como la Venus de Willendorf (de hace 35.000 años). Cerca de hace unos 10000 años surgen las primeras escenas de trabajo, caza y guerra. En los hallazgos más antiguos, son más comunes los vientres abultados y grandes mamas, porque eran sociedades que el valor de la vida humana partía de la capacidad de las mujeres de dar vida y amarla.

... El deseo y el apoyo mutuo son inmanentes a la vida; no son arbitrarios. Lo que es arbitrario, lo que se viene, o lo que se puede venir encima por añadidura, es la necesidad.

El deseo y el apoyo y protección mutuas son condición esencial inherente a la vida. Hubo un tiempo, en que los grupos humanos estaban formados por las madres y sus proles y los parientes de las madres que se juntaban para dar y conservar la vida, y para proveer bienestar al grupo; para proveerse mutuamente bienestar. Ninguna forma de vida, y en particular la humana — precisamente la capacidad humana del habla es la prueba más absoluta de esta verdad—, puede darse aisladamente, en solitario, sin el apoyo reciproco, el deseo que se desparrama para fundirse con los otros.

La violencia de la humanidad tiene su origen en una selectiva represión sexual de la mujer, la del vínculo materno-infantil. Cuando la mujer dejo de parir con placer, sin orgasmo. No solo perdió el placer sino que además pasó a parir con dolor. Esa falta de placer marca la frialdad en la relación con la criatura, en toda su crianza. Esa ruptura distancia la relación de la madre con su criatura y le permite infligirle daño. Ya no desea disfrutar de los deseos de su criatura, estos le molestan. ...”1

“... Fuimos condenadas a parir sin deseo, sin sentimientos, sin sentir la vida y el placer en nuestras entrañas. Porque de otro modo nunca hubieran conseguido que infligiéramos el daño que infligimos a las criaturas. Como leonas o lobas defenderíamos a nuestras crías contra el patriarcado; nos dejaríamos matar mil veces antes que consentir que nadie hiciese llorar de desesperación a un recién nacido o antes de permitir que lo arrancasen de nuestro pecho y nuestro regazo. No podríamos soportar esa frustración ni controlar la fuerza de la pasión materna.”. 2

“… De lo que se trata es de ver la evolución del respeto y/o represión de la maternidad y de la sexualidad primaria materno-infantil, de ver como se produce la destrucción de la pareja madre-criatura puesto que, desde nuestro punto de vista, esta es la clave de la puesta a punto de una sociedad que se constituye y se reproduce a base de la de las criaturas como modo de producción de esclavo/as y herederos.”3

“…El deseo es inmanente a la vida; la carencia es la y a la que se somete la vida (y por la que se la somete).

Mimar es complacer los deseos. Mimar es el deseo de complacer los deseos del ser deseado, incluso si esos deseos están prohibidos y obligan a enfrentarse a las autoridades o la ruptura del propio triángulo edípico y al cuestionamiento de la propia identidad. Mimar es un verbo que de alguna manera tiene que ver en activo y en pasivo con la satisfacción de los deseos; el deseo de ser mimados es quizás una de las pocas conexiones que tenemos con lo reprimido y desterrado en el inconsciente, una de las pocas maneras que tenemos de verbalizarlo. Y no es de extrañar que el verbo “mimar” se conjugue como una conexión. Cuando uno se siente mimado afloja la cuerda de las autoinhibiciones y empieza a dejar que salgan los deseos. La expulsión del paraíso es la prohibición de la satisfacción de los deseos y del mimar creando así la necesidad, la carencia, la herida amorosa que convierte a la criatura en siervo suplicante y sumiso, capaz de cualquier cosa por recibir alguna pequeña dosis de lo que necesita. Pero antes que carencia somos siempre máquinas deseantes. La carencia empieza cuando no se deja funcionar la máquina deseante. Por eso, cuando se consigue que la madre patriarcal impida que fluyan los deseos de la criatura, al tiempo que se crea la carencia, se crea la justificación de la general exterior y la pieza clave del chantaje que permite obtener la sumisión interior de las criaturas, el talón de Aquiles por el cual van a quedar las criaturas agarrotadas. La criatura humana, en lugar de moverse impulsada por los deseos, se mueve para colmar la necesidad que se le ha producido, pues la carencia, la herida inflingida nos duele tanto que para obtener unas pequeñas dosis de atención y cariño, estamos dispuestas a olvidarlo todo y enviarlo al inconsciente (Refouler), estamos dispuestas a ser buenos, a resignarnos, a obedecer. ¿Cómo no creer que nacemos con carencias, con instintos tanáticos y un potencial contenido de agresividad, si hemos ocultado en el inconsciente la que los ha producido? Una vez sentado que nacemos con el pecado original y que somos criaturas malas y egoístas, queda automáticamente justificada la represión que ejercen los padres y toda la represión general, como condición humana insoslayable. Fue en este punto donde Freud dio media vuelta en el camino emprendido, como señalan Deleuze y Guattari, Alice Miller, Gloria Steinem y otros defensores de las criaturas humanas.”4

Dice Alice Miller el o la adulta en un proceso no demasiado rápido, podría ser capaz de recuperar la conciencia del amor primario reprimido y su sensibilidad hacia las criaturas.

.... La expulsión del paraíso es la prohibición de la satisfacción de los deseos y del mimar creando así la necesidad, la carencia, la herida amorosa que convierte a la criatura en siervo suplicante y sumiso, capaz de cualquier cosa por recibir alguna pequeña dosis de lo que necesita...”5

El deseo es la manifestación del ser del niño. Al no satisfacer sus deseos no se lo deja ser ella/él mismo, se le impide desarrollar su yo auténtico, pasando a ser un yo necesitado. Es la violencia afectiva que produce humanos movidos por el miedo a carecer, en lugar de desarrollarse impulsados por el deseo.

El miedo a carecer, prohibir sus deseos perturba a la criatura. El/la niño se retrae en lugar de expandir su persona, porque su deseo le es rechazado, obligando a ocultar su yo auténtico para ser querido y no quedarse solo, pero su yo auténtico inconscientemente siempre estará insatisfecho y en soledad.

El deseo no satisfecho se convierte en carencia y de ahí el miedo a carecer. “Niño: Tienes que dejar de desear, tienes que anular tu persona, parte de ti tiene que dejar de ser. Que mueran tus deseos yo te ayudaré a aplastarlos.” En consecuencia se producen distintas formas de defenderse, angustia, tristeza, depresión, enfermedad, ansiedades, rabietas, chillar, pegar, pesadillas, monstruos que acechan, enemigos de los cuales hay que defenderse, etc.

Pero la criatura no puede aceptar que sean sus padres los que le hacen daño. Además estos le enseñaron a perdonar el dolor que alguien les produce, a perdonar a los padres en lo que se equivocaron. “Mis padres eran buenísimos, si en algo se equivocaron no lo hicieron intencionalmente”. El daño es daño, sea inconsciente o no, afecta a la persona, la perturba emocionalmente. Pero con el perdón no se analiza el daño producido por los padres. Se pone el enemigo en otros y se pasa a hacer daño a otros niños, por eso las pesadillas, monstruos que acechan. Agredir a otros o autoagredirse “porque soy malo, muy malo” la culpa de la violencia de la represión de los deseos y el miedo a carecer es asumida por la criatura.

Repetidas veces se llama pensamiento positivo a olvidarse de la violencia que ejercen los padres a sus hijos. Es como el antiguo “hay que perdonar y olvidar lo que te hicieron”. Ser positivo es ocultar la verdad, desconectarse de la capacidad de poder percibir la violencia como la que es. Negar los hechos genuinos y hacer como que esta todo bien, “aquí no pasó nada”, “no pasa nada”, “nada pasará”, “todo tranquilo”.

Todo esto está presente en nuestra adultez, la bronca acumulada, con otras variantes de enemigos una de ellas nuestros propios hijos.

Así el individuo aprende a reprimir las propias sensaciones, que le conducen a experimentar la emoción, que le traerían dolorosos sentimientos del daño producido en la etapa primal. De esa forma se va insensibilizando frente a esos daños sufridos, protegiéndose ante la vivencia que le traería recordar el trabajo doloroso que ha hecho para abandonar sus deseos en la niñez. Por ejemplo: insensible a los llantos del bebé, insensible a jugar con los niños, insensible a los deseos infantiles. El adulto en nuestra cultura es insensible a las demandas de las criaturas.

Entonces el miedo a perder los mecanismos de defensa que tenemos los adultos, creamos o buscamos justificaciones. Ej: “ya estamos mayores para los juegos de niños, ya pasamos esa etapa”, “si juegas con ellos los diriges y les quitas libertad, déjalo solo para que se haga autosuficiente”.

Los adultos no maduran, al no reconocer lo que les sucedió en su niñez, al no poder vivir los verdaderos sentimientos que les obligaron a reprimir en la infancia, viven escapándose del dolor que les produciría recordar que fueron humillados por sus propios padres, y seguramente por otros adultos también. Sin saberlo siguen siendo seres dañados, sin poder sanar las heridas, es el sufrimiento sin salida. La inmadurez del adulto necesitado entra en guerra contra el niño deseante.

Pero tenemos la alternativa de hoy como adultos, poner nuestra vida cotidiana, en un atento proceso analítico de nuestro presente y pasado psicológico. Para poder sentir la verdad de lo que nos sucedió, como niños nos era imposible, teníamos que sentir lo que el adulto quería, porque su afecto nos era imprescindible para vivir. Por fin pueden emerger los sentimientos que nos prohibieron, ir descubriendo cada herida, quién la produjo y porque, para que. Entonces podremos dejar de reproducir el sufrimiento, librarnos de la autodestrucción y no causar daño a otros.

... Una consecuencia importante de la adaptación es la imposibilidad de vivir conscientemente, en la infancia y en la edad adulta, una serie de sentimientos propios (como por ejemplo los celos, la envidia, la ira, el abandono, la impotencia o el miedo). Esto resulta tanto más trágico cuanto que, en este caso, se trata de personas muy vitales y particularmente capacitadas para vivir sentimientos diferenciados. Uno lo advierte luego en los análisis, cuando describen aquellas vivencias de su infancia carentes de conflictos. Por lo general se trata de vivencias relacionadas con la naturaleza, que ellos podían experimentar sin herir a su madre ni crearle inseguridad, sin mermar su poder ni poner en peligro su equilibrio. Sin embargo, llama mucho la atención que estos niños tan atentos, listos y sensibles, capaces de recordar exactamente cómo, por ejemplo, a la edad de cuatro años descubrieron la luz del sol en el resplandor de la hierba, no mostraran curiosidad alguna «ni descubrieran nada» al ver, a los ocho años, a su madre embarazada; que no sintieran «ningún tipo» de celos cuando nacía su hermanito; que, a la edad de dos años, habiéndose quedado solos durante la Ocupación, tolerasen la irrupción de grupos militares y los allanamientos de morada sin llorar, tranquilos y «muy valientes». Ya habían1 desarrollado todo un arte para no tener que vivir sentimientos, pues un niño sólo podrá experimentarlos si tiene a su lado a una persona que lo acepte, comprenda y acompañe con estos sentimientos. Si esto falla, si el niño debe arriesgarse a perder el amor de su madre, o de quien la sustituya, no podrá vivir en secreto, «para sí solo», las reacciones más naturales en el plano de los sentimientos. No las experimenta. ...”6 (Leer también los títulos El mundo perdido de los sentimientos, y en busca del verdadero yo, del mismo libro.)

De nada sirve escaparse de uno mismo. Si no somos dueños de nuestra historia somos esclavos de ella.

De Nada Sirve

Letra y música Moris (rock argentino 1967)

De nada sirve escaparse de uno mismo.

De nada sirve escaparse de uno mismo.

Veinte horas al cine pueden ir,

y fumar hasta morir.

Con mil mujeres pueden salir;

a los amigos los pueden llamar.

De nada sirve...


No se dan cuenta que de nada sirve,

tocar la batería, seguir la acería,

no, de nada sirve.


¿De qué le sirven las heladeras,

y lavarropas, televisores

y coches nuevos y relaciones,

y amistades y posiciones?

Si están podridos y aburridos,

de este mundo que esta podrido...

No, de nada sirve.


Los que van a la oficina,

dicen que todo sirve.

Los que hacen música,

creen que es lo más importante,

de nada sirve.


si uno lo usa para la soledad interna,

que siempre nos corre,

que siempre nos corre.

Cuando están solo,

están bien solitos;

ya no hay guitarras ni amplificadores.


Están solos en la cama

y empiezan a mirar el techo;

empiezan a mirar el techo

y en el techo no hay nada.

Hay solamente un techo.


¿Que pueden hacer? Es muy tarde,

son las tres de la mañana.

Los bares están cerrados,

las mujeres duermen,

los cines también están cerrados,

la guitarra no se puede tocar,

sino el vecino se va a despertar.


¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?

Estoy solo y muy aburrido,

¿Qué puedo hacer? ¿Qué es mi vida?

¿Qué es este mundo? ¿Qué soy yo?

Me voy a volver loco, no sé qué hacer...

En ese momentito se dan cuenta

que todo es una estupidez.


Cuando van de veraneo y bailan shake

con sus movimientos centroamericanos,

sensualidad fabricada,

tratan de levantar mujeres.

Pero están vacíos y están muy podridos.


Volvemos a la cama, que es un gran lugar

para dormir o también para fifar.

Cuando lo consiguen, en este mundo es difícil,

está reglamentado...

Muerden la almohada de desesperación.

No saben qué hacer con sus vidas,

ya todo fracasó.


Han masticado chicles,

han comido chocolates,

han leído Radiolandia,

han llamado a sus amigos,

han salido con mil mujeres,

han grabado treinta mil discos,

han sido famosos, han firmado autógrafos,

han comido hasta reventar,

han fumado hasta acabar.


¿Y qué queda?

No queda, no queda,

nada queda, nada queda.

Hay una cosa que sirve,

que sirve a esta humanidad,

y es darse cuenta que nada sirve

si uno lo usa para escaparse de uno mismo.

Amigo, te doy un consejo,

aunque yo consejos no doy:

trata de hacer la prueba

de parar las maquinitas,

las maquinitas que llevas dentro de ti


y fijate qué es lo que pasa

cuando te agarra la soledad,

y te agarra el hastío.

No escuches discos de Bob Dylan,

o de Los Beatles,

o de los Rollings Stones

o de Mick Jagger.,


Mucho silencio, mucho pensar,

mucho meditar.

Nada de evasión y pensar,

¿Qué es lo que pasa conmigo?

Si soy inteligente y también soy intelectual...


Soy bastante inteligente,

pero estoy muy aburrido.

¿Qué es lo que pasa conmigo?

Yo aún no me lo puedo explicar,

por favor que alguien me lo diga.

No puedo salir de mí, estoy muy encerrado

en mi prisión de carne y hueso.

No puedo salir, no puedo salir.

Me voy a morir dentro de mí.


Antes de morir yo quiero salir,

ver las estrellas, el mar, me quiero ahogar

y quiero salir, quiero vivir, me quiero ir

por favor, de mí.

¿Qué puedo hacer?

No hay nada que hacer...”


1La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente, op. cit., pag. 121

2Cita anterior, pag. 70

3Cita anterior, pag. 61

4Cita anterior, pags. 64 y 65 las negritas son nuestras.

5Cita anterior, pag. 162

6A.M. El Drama del niño Dotado, pag. 21



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Ojos de Cielo. El gozo de complacer los deseos de nuestr@s hij@s. por Valentina Nuñez Escurra bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 2.5 España License.