Por ejemplo si el/la niño tira la comida al suelo se le dice: “NO se tira la comida al suelo”, en lugar de “la comida es mejor ponerla sobre la mesa porque así la cuidamos, se mantiene limpia para que la podamos comer”.
El NO:
es autoritario, “NO porque lo digo yo”.
En lugar de explicar prohíbe. Como si la explicación viniera dentro de la prohibición.
Diciendo solo lo que NO queremos que haga, pretendemos que entienda lo que SI creemos que conviene hacer y el porque creemos eso.
Todo esto es un cortocircuito para la criatura. O sea el niño que aún no sabe hablar, ni el significado de las palabras y está comenzando a descubrir el mundo, se lo presiona para que entienda algo que no decimos, se lo violenta con reacciones y enfados totalmente absurdos. Si somos nosotros los que hablamos y hacemos el lenguaje opresivo, confuso, retorcido, etc.. Pero así culpamos otra vez a la criatura “este que no entiende nada, que no se entera de nada, ” o “entiende pero es malo, lo hace a propósito, para probarnos hasta donde puede llegar, es que busca límites”, en lugar de buscar el origen de porque tenemos la tendencia a la prohibición.
“No se pega”, dice el adulto al niño mientras lo golpea “ y no lo vuelvas a hacer, porque te doy otra vez”. Esto es el extremo de la contradicción, pero sucede a menudo.
En lugar de decir “besitos, caricias, si nos cuidamos mutuamente nos disfrutamos y la pasamos bien”, e inmediatamente buscar las causas, que es lo que lleva al niño a la acción agresiva. Si realmente la es, porque muchas madres califican al bebe de violento de nacimiento, por ignorar que el bebe tarda bastante tiempo en controlar el movimiento de sus manos, de su cuerpo. Sus movimientos acompañan la manifestación efusiva de afecto y alegría. Desde la postura adulto-céntrica siempre se encuentran escusas, para acusar a las criaturas negativamente y así tener que defenderse de ellas reprimiéndolas .
No hay consideración de que el niño comienza a descubrir el mundo. El ser de los niños es sobre todo afectivo, no intelectual. Entonces en todo tipo de aprendizaje se tendría que considerar la afectividad como factor principal. El adulto pretende que las criaturas entiendan su lógica o sin lógica, porque lo que manda es lo “friamente razonable” si se deja de lado la afectividad.
El adultocentrísmo utiliza un lenguaje complicado (por la prohibición) que hace sufrir a los niños, comunica una cosa y quiere que se entienda otra. Por ejemplo: NO CHILLES. Esto significa ¿que se quede mudo?, ¿que hable susurrando?, ¿que hable bajo pero de una manera agresiva, violenta, grosera? Si vamos al fondo de la cuestión ¿porque hay que reprimir el chillido?
El discurso refleja la falta total de afectividad que tenemos los adultos, la incapacidad de disfrutar hasta deshacerse mirando a su hijo. Si la criatura se expresa en forma agresiva, primero hay que preguntarse porque. Una razón puede ser porque lo copia de nosotros. Otra es porque tiene que expresar el dolor por la represión sufrida de alguna manera. Lo más grave es cuando ni siquiera se permite a si mismo expresar lo que le pasa, su sufrimiento, es como una olla a presión, que revienta en el primer brote que encuentra.
Decirle lo que si queremos y decirle LA VERDAD. Por ejemplo cuando mamá y papá hablan con agresión nos hacemos daño, no queremos hacerlo. Pero eso nos pasa porque mi mamá, mi papá me hablaba mal. Mamá y papá estamos tratando de ver y sentir todo lo que nos pasó, para no hacerte, ni hacernos daño. Dañar no es querer y yo deseo poder quererte cada día más.
Otro inconveniente es la repetición de la negación, de la prohibición, varias veces al día y todos los días. La criatura defiende su deseo, su voluntad que no es respetada, ni apoyada. Es decir el adulto estresa al niño con sus mensajes contradictorios y represivos. Por ejemplo:
No se tira. No se tira. No se tira. No se tira. Estamos repitiendo la palabra tira, tira, tira. ¿Qué es lo que le queda grabado a la criatura?. TIRAR. En lugar de “mejor lo ponemos en la mesa, para que la comida este limpia y la podamos comer. ¡Mmm qué rico!.”. Si repetimos está frase afirmativa, le queda la idea de la acción “poner en la mesa”. En lugar de NO se tira. Lo remplazamos por donde SI ponemos. Tampoco hace falta tanta insistencia, si las criaturas copian nuestras acciones. Lo que si es preciso, es que los adultos nos podamos conectar con lo que SI QUEREMOS y no ser tan contradictorio con lo que NO queremos, así podremos comunicarnos mejor con nuestros hijos. Por otra parte también podemos descubrir, que decir lo que SI queremos, nos conduce a explicar lo que deseamos, ampliando, enriqueciendo nuestro lenguaje coloquial; mejora nuestra capacidad de razonar, nuestra coherencia y conseguimos una mayor comunicación, entendimiento, tranquilidad, bien estar. El NO represor, empobrece el vocabulario de las personas, es corto, cortante, frío, distante y mediocre ya que destruye la comunicación afectiva en las relaciones humanas.
No se pega, ...pega, ...pega. Lo que le queda es pega. Porque el NO lo escucha permanentemente, es una palabra sin novedad para la criatura. En lugar de decir mejor nos damos “besitos, caricias, suavemente, nos cuidamos” “Mi amor ¿qué es lo necesitas?, yo te ayudaré”. Y luego ponernos a analizar que estamos haciendo que lleva al niño a tener estas reacciones.
Te vas a caer, te vas a caer, te caerás. Es ordenar al niño que se caiga, hacerle creer que se va a caer, es darle inseguridad, lo más probable es que se caiga por nuestra insistencia. En lugar de acercarse y ayudar al niño a hacer lo que quiere, con palabras como despacio, puedes poner el pie aquí, espera que yo te ayudaré. O cuidado, espera que te ayudo. Súbete que yo te cuido. En vez de te caerás, o sea hazte daño, sería mejor enseñarle a cuidarse y utilizar las palabras que se refieren al cuidado. Ademas todo ser que nace, pone su energía en el impulso vital, que lo lleva al cuidado de si y no al autodaño. Si leen algo de Emi Pickler sobre psicomotricidad, se sorprenderán sobre la capacidad innata de los niños para moverse (y la de los adultos para atrofiarlos).
Cuando un bebe se lleva a la boca algún objeto que no es comestible, los adultos le dicen “caca”. ¿Caca? Si, caca. ¿Tiene algo que ver ese objeto con la caca, como para que la criatura lo asocie? Es increíble como se espera que la criatura suelte el objeto porque uno le dice “caca”, y si no lo suelta se le dice CACA más fuerte y más fuerte hasta aturdirla. Después de un rato que la criatura se ha ensordecido junto con los otros seres vivos de alrededor, se le dice “¡QUE MALO ERES! ERES UN GUARRO”. ¡Pero, si está clarísimo como el agua! ¿¡¡Como es que no se dan cuenta que decir CACA es pedirle que suelte el objeto!!? Además de frustrar a la criatura en su forma de conocer y explorar, se le exige que comprenda lo incomprensible y se la maltrata porque no entiende automáticamente lo ilógico del lenguaje adulto. Se podría pedir y explicar, con mucha paciencia, aunque sea demasiado complicado para la imaginación del adulto decir “¿me podrías dar eso”, “dame eso”, “dame eso”, “por favor, dame eso” y extendiendo la mano cerca de boca de la criatura. Y aunque no lo crean te lo da.
Otra cosa que no se tiene en cuenta es que los bebés conocen con la boca, es su manera de descubrir. Quitando todo de la boca de la criatura compulsivamente, el adulto está desvalorizando su forma de explorar, despreciando su manera de ser, lentamente le va bajando su estima.
También tienen que sufrir el rechazo de despreciar su caca es despreciar el funcionamiento de su cuerpo. Como que el cuerpo viniera fallado y estuviera haciendo algo malo. Además, teniendo en cuenta que el bebé reconoce la caca como una de las primeras cosas que él produce, despreciar la caca es humillarlo. La caca es buena porque es parte del funcionamiento de nuestro cuerpo maravilloso, “si de tu cuerpito bebé, hermoso, bello.” Nuestro cuerpo saca lo que no necesitamos en forma de caca. “Es fantástico como trabaja tu cuerpo”. La caca sirve de abono para que crezcan las plantas, frutos que comemos, también es útil para el alimento de otros seres vivos. La caca sirve para la vida.
Para el bebé no hay diferencia entre su cuerpo y sus emociones. Son seres humanos íntegros, sus funciones biológicas están unidas a las psicológicas, esta unidad es vital para su existencia. Cuanto más se la respete mejor será su salud y felicidad.
Emi Pickler dice e incluso muestra en vídeos, que el bebe tratado con suma delicadeza, por ejemplo cuando se le cambia el pañal mirarlo y sentirlo como único, disfrutar la relación con él. Hacer movimientos lentos, respetando el tiempo de observación que necesita un bebé, porque para el es todo nuevo. Pedirle permiso al bebé para cambiarlo, mostrándole el pañal limpio, decirle “mira esta toallita te voy a limpiar”. Le mostramos y le explicamos que es lo que le vamos a hacer, es su cuerpo, su persona. El bebé entiende nuestra actitud afectiva y al poco tiempo de haber nacido ciertas gestos aparecen, muestra de que nos ha entendido. Por ejemplo levanta las piernitas cuando le enseñamos los elementos para higienizarlo. Entonces el bebé entiende, es más se deleita con el trato atento, respetuoso, amoroso. Y que lo considera en este mundo como una persona nueva, con características propias.
Para nuestras culturas modernas, históricamente la niñez, no ha tenido relevancia. En consecuencia tampoco sus represiones. Las siguientes expresiones lingüísticas, pueden ser que sean modismos derivados de oprimir la vida, por ejemplo:
¿NO quieres jugar con él? /en lugar de/ ¿Quieres jugar con él?
¿NO creen que ya va bien? /en lugar de/ ¿Creen que ya va bien?
¿NO cierto que lo vimos? /en lugar de/ Es cierto que lo vimos, ¿SI?
¿Por qué NO lo ayudáis a Enrique? / ¿Podríais ayudar a Enrique?
Etc.
La filología explica la negación desde el pensamiento adulto-céntrico. Por ejemplo:
Cuestiones pragmáticas sobre la negación. Negación expletiva.
“...
NEGACIÓN Y CORTESÍA. LA NEGACIÓN COMO MECANISMO DE ATENUACIÓN
preguntar a nuestro vecino ¿No tendrías un poco de sal para dejarme? es más cortés que decirle ¿Tendrías un poco de sal para dejarme? A la marca de cortesía expresada por medio del condicional, se le añade en las estructuras con no una nueva marca de atenuación ante la formulación de una petición.
a.Me voy al cine. ¿Te vienes?
b. Me voy al cine. ¿No te vienes?
-Oye y ¿qué hacemos este verano? -No sé, podríamos ir a la playa
-¿Y por qué no vamos unos días a la montaña?
Con ¿Y por qué no vamos unos días a la montaña? el hablante está presentando la que, a su parecer, es la mejor alternativa para pasar el verano. Esta consideración subjetiva gana en eficacia comunicativa con la presencia de la negación atenuativa, que, al dejar abierta la posibilidad de una respuesta negativa, desactiva las posibles reticencias ante una propuesta que pudiera sonar a imposición. En este contexto comunicativo no sería posible la alternancia con un enunciado sin no, puesto que en ese caso se formularía o bien una recriminación, o bien una pregunta real, pero no una sugerencia...”
“... las estructuras en las que intervienen verbos de temor y duda, puesto que en las construcciones interrogativas indirectas totales la presencia de la conjunción si es ineludible, también en la lectura expletiva:
. No sé si no me he equivocado
. No sé si no he dejado abierta la puerta del balcón
. En el caso de las oraciones comparativas, la negación expletiva solo se da cuando se comparan formas verbales no conjugadas y entre ambas no media ninguna preposición:
. María canta mejor que (no) baila
. Prefiero tener a (no) desear
. Prefiero cantar que no bailar ...”
¿Y por qué no vamos un día a la montaña?
¿Qué se gana en eficacia comunicativa con la presencia de la negación atenuativa, que, al dejar abierta la posibilidad de una respuesta negativa, desactiva las posibles reticencias ante una propuesta que pudiera sonar a imposición.?
¿NO tendrías un poco de sal para dejarme?
es más cortés que decirle ¿Tendrías un poco de sal para dejarme?
En nuestra cultura adulto-céntrica las criaturas son educadas, en el ejercicio de negar su deseo. Así serán aceptados y queridos como buenos niños, que cortesmente se niegan a si mismos y están abiertos a los deseos de los adultos. Esto podría ser el origen de tanta negación.
Negar el propio deseo por anticipado, por si el otro no quiere, tratar de coincidir con el deseo del adulto, como sea para ser aceptado.
Negación que atenúa el propio deseo. Hay que relacionarse teniendo personalidad con deseos disminuidos, para que el adulto sienta que sus deseos son tenidos en cuenta, para la eficacia comunicativa. ¡Qué opresión !
Es que si un niño por ejemplo, hace un movimiento fuerte, el adulto le dice ME ESTAS EMPUJANDO. Acusando en lugar de decir lo que desea: Por favor un poco más despacio, para que así pueda mantener el equilibrio.
Esta crítica al las conclusiones porque tanta negación en el lenguaje, es porque estos análisis no han tenido en cuenta los miles de años, en que el ser humano no era obligado a negar su deseo.
Por ejemplo en la originalidad del griego en este aspecto es que, en primer lugar existen dos adverbios de negación. El griego agregó una segunda partícula de negación para la prohibición. Precisamente esta partícula prohibitiva griega se utiliza en contextos oracionales casi idénticos a los del latín.
Por la influencia de la cultura, van a notar que todo lo que hemos escrito está influenciado por el lenguaje negativo, el trabajo de cuidarnos en como nos expresamos lo hacemos cuando hablamos con nuestra hija.
Si a los niños se les ENSEÑA tanta negatividad, NO, NO, NO, tanto RECHAZO, nacen para que su ser sea RECHAZADO. La comunicación que se le enseña es de RECHAZO. Una comunicación, limitada, escasa, pobre, de sufrimiento y violencia. Los adultos después de todo esto se quejan porque tienen problemas de comunicación con sus hijos. El NO es aplastar, no hay diálogo. Luego la criatura aplica el mismo esquema de comunicación, aplasta también porque es lo que aprendió. El NO distancia a las personas, a los padres y madres de sus hijos.
Hablar haciendo el esfuerzo para evitar decir NO, PROHIBIR, ayuda a descubrir la propia represión y la desconexión de nuestros deseos originales. Debelar el objetivo cultural del NO suministrado en un minucioso y machacante trabajo, para prohibir y aplastar los deseos de la niñez. Al decir SI, al afirmar la vida nos vamos dando cuenta lentamente lo que ocultan las palabras en nuestra cultura.
No nos referimos al pensamiento positivo que reemplaza al “olvida”, “perdona el daño”. Negar la realidad dolorosa (o sea ser negativo) para ser positivos. Es lo que se le enseña al niño, a negar sus deseos para ser “positivos” con los deseos adultos. Cuando en realidad lo positivo, la afirmación de la vida, para todos está implícita en la criatura. Y habría que cuidarla, defenderla de la destrucción inconsciente y consciente de los adultos.